Un relato nada común

Para hablar de cualquier tema relacionado con la radioaficion.

Un relato nada común

Notapor karlibiri » Mar, 16 Ago 2016, 04:40

UN RELATO NADA COMÚN. Por LU8BF/8HF.

Entre el grupo de amistades que he hecho a través de los años se cuenta Jerome Waldref, W6DMJ. [...] Mientras cenábamos en el restaurante del hotel, comenzó a contarme algunas anécdotas:

-Usted sabe, Doc, que en mis años pasados como radioaficionado he pasado por momentos increíbles e inolvidables, pero uno de los mejores de ellos fue cuando un vecino mío en California. W6…, me llamó por línea invitándome a conocer su nuevo receptor de comunicaciones. Realmente no había tenido mucha amistad con mi vecino, pero siempre resultó ser un tipo decente, tratando de no operar en la misma banda donde yo estaba trabajando, etc. Actualmente está activo en 14 MHz., y desde que últimamente las condiciones no estaban muy buenas que digamos, supuse que quería charlar mano a mano.

"Usted bien conoce, amigo Jerome, que en mis largos años como radioaficionado he vivido experiencias inolvidables. Una de ellas, que me sucediera hace unos veinticinco años en una pequeña isla del Pacífico, la conservo imborrable en mi mente y es la primera vez que la cuento a un colega, ya que hace tantos años que ha sucedido que nadie se va a resentir por lo pasado.

Un W joven como usted, Jerome, no habrá tenido experiencia previa como radioaficionado antes de la II Guerra Mundial, pero puedo manifestarle que la caza del DX era muy diferente en aquellos días. El objetivo más codiciado era el de poseer el certificado W.A.Z. (trabajadas todas las zonas del globo). No había muchos radioaficionados que tuvieran el certificado de marras y existía una verdadera competición por trabajar algunas zonas asiáticas. Llegó un momento en que para poder comunicar con aquella famosa estación AC4YN, coloqué una antena rómbica en el jardín de mi casa apuntada hacia el Tibet. Demás está decir que nunca pude trabajar esa estación, pero pasé las de Caín tratando de hacerlo. Lo más cerca que llegué fue lograr comunicar un conjunto notable para aquella época, de estaciones japonesas, que entonces empleaban el prefijo J.

Toda esta clase de actividad cesó bruscamente cuando se declaró la guerra y al igual que otros tantos radioaficionados norteamericanos, yo también me enrolé en el ejército e incorporado al Signal Corps me destinaron, antes que pudiera contar hasta diez, al Pacífico Sur."

Bueno, creo que esto pasó en 1942, o quizás fue el comienzo de 1943, cuando comencé a tener contacto con el enemigo. Parecía ser que existía una pequeña isla situada a unos pocos kilómetros de nuestra posición, que los japoneses empleaban como punto de observación para controlar e informar todo el movimiento de nuestros barcos en el área. Como la isla era muy pequeña, quizás menos de 2 km2, solamente podría contener, aparte de la radioestación, una reducida dotación. Dos compañeros y yo nos ofrecimos como voluntarios para ir a dicha isla y anular el puesto de observación nipón. Bien; cuando estábamos tratando de subir nuestro bote de goma sobre la arena, mis dos compañeros sufrieron serias cortaduras en los píes debido a los corales que había en la playa, quedando inutilizados hasta que pudieran ser reembarcados al navío.

Por supuesto, yo era mucho más joven que ahora y tenía poco sentido común, y era mucho más bravo, o tonto; les dije a mis compañeros que iría a inspeccionar el sitio y volvería en un par de horas. Habría caminado aproximadamente unos cientos de metros dentro de la jungla, cuando advertí un par de cables que habían sido colocados entre las palmeras. Era realmente una línea bifilar abierta.

Seguí la misma con precaución hasta que llegué a un claro donde había una choza de bambú. A través de una abertura se apreciaba una mesa, un par de sillas y equipo de radio en operación. Me desplacé hasta una posición conveniente y medité la situación. Había únicamente una sola persona en el interior y como no me parecía muy corpulento, sino que al revés, era flaco y pequeño, pensé que podría resolver el problema por mis propias manos. Mi posición era tal, que si el sujeto salía de la choza podría saltar sobre su cuello y dominarlo sin contratiempos.

Parecía que habían pasado como unas cinco horas, pero seguramente fueron unos pocos minutos, cuando el japonés salió de la choza y se acercó a mi lugar. Tomé mi cuchillo reglamentario y me lancé sobre él, aterrizando sobre su cuerpo. Ya estaba por introducirle unas cuantas pulgadas de acero en su estómago, cuando recibí la mayor sorpresa de mi vida. El nipón tenía en su mano un ejemplar de la revista QST. Bueno, fue tal la sorpresa que dejé caer mi cuchillo y lo miré fijamente. Debimos haber estado observándonos como locos por lo menos un par de minutos. Luego, ¿sabe amigo Jerome que fue lo que le dije?

-¿Cuál es su indicativo?

-Parpadeó y luego respondió: J2...

Bien, lo había comunicado por lo menos media docena de veces en 20 m CW. Su nombre era Iko. Su inglés no era malo y comenzamos a charlar largo y tendido. Yo sé que esto suena a cosa de locos, pero no podría matar a un radioaficionado colega, cuyo QSL está pegado contra la pared de mi cuarto de radio en California. Algunas cosas son más importantes que la propia guerra.

Antes de que pasaran muchos minutos, Iko había tomado una botella de vino de arroz y me hablaba de los tiempos de nuestros QSOs en 20 metros CW. Finalmente pude explicarle que colega o no, vendrían tiempos muy bravos para él.

Iko me contestó diciendo que era su último día en la isla, y que sería recogido por un submarino dentro de unas pocas horas, ya que estaba por desmantelar la radioestación en aquella isla. Llegó a pedirme mi ayuda para colocar sus equipos de radio en su balsa de goma. Me pareció una buena idea pedirle a mi vez que me dejara un poco de dinamita, así podía destrozar la choza luego de su ida, para dejar las cosas rectas bajo el punto de vista militar.

Nos saludamos con un apretón de manos, intercambiamos 73 y lo vi empujar su balsa de goma con el remo hasta llegar al submarino, hasta que éste desapareció en lontananza.

El resto de la historia no tiene importancia, excepto que me dieron una medalla por arrojo en la acción de la isla.

Terminado su relato, mi amigo californiano tomó dos nuevas latas frías de cerveza de la heladera y me dijo:

Bueno, Jerome, para terminar con este asunto quiero decirle que anteayer trabajé un JA2… en 20 metros BLU y que era Iko. Realmente me hizo sentirme satisfecho de que todo finalizara de esa manera."

Créditos: Extraído de la Revista QSP, Año 2, Mayo / Junio, Nº 21 – 22, Año 1981

Fuente: https://sites.google.com/site/ce4wjk/un ... nada-comun
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Re: Un relato nada común

Notapor 30CB009 » Mar, 16 Ago 2016, 16:48

J...r que cosas tiene la vida , y ocurriendo por aquellas épocas lo hace más mágico aun.
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